28 mayo 2011

It Feels Alright (p. 1)

Cada año antes de mi cumpleaños me pongo a pensar y a pensar. Me siento más vieja y más joven. Me siento más madura y más niña. En fin, es un vaivén de emociones.
Cada año antes de mi cumpleaños es lo mismo... Pienso cómo lo voy a celebrar, y termino haciendo cosas que jamás me esperaba, y este año, al igual que los anteriores, resultó de la misma manera: Una pequeña celebración con gente que no me esperaba y con dosis de alcohol de cierto modo moderadas.
Pero, ¿En qué me pongo a pensar? En que cuando somos pequeños, somos un poco de todo: Tenemos algo de artistas, algo de inventores, algo de científicos, filósofos, diplomáticos, deportistas, estudiantes, exploradores, doctores, aventureros, políticos, revolucionarios... Y parece que conforme crecemos tenemos que ir renunciando una a una a cada una de nuestras profesiones para ir tomando un camino que nos conduzca a sólo una cosa, tal vez porque no pudimos continuar con el resto por no sentirnos seguros de nosotros mismos, a lo mejor porque la pereza nos ganó o porque no nos sentimos capaces de hacerlo, tal vez porque nos faltó tiempo o lo olvidamos o simplemente porque es el proceso natural en el que la sociedad fluye. A veces me parece triste, porque entre más profundizamos en una sola cosa, te das cuenta que hay tanto tanto más que tenemos que aprender y comprender de esa cosa, que terminamos muchas veces sintiéndonos menos en lugar de sentirnos más... De algún modo me siento niña en ese aspecto, todavía sigo teniendo esos sueños de mis múltiples personalidades y profesiones, y luego me pongo a pensar si eso debería hacerme feliz o si debería ponerme triste por no poder decidir eso que me apasiona, por conducirme, por decir de algún modo, por la carretera nacional de cosas de las que ni si quiera estoy segura que quiero hacer por el resto de mi vida, y de vez en cuando escapando por veredas de las cosas que me apasionan. 
Y los años pasan, y aún me sigo preguntando ¿Qué demonios voy a terminar haciendo? Y entonces me pongo a sacar cuentas... Estoy a un tercio de mi vida (hablando hipotéticamente, porque sabemos que eso no es verdaderamente seguro y cierto, pero si la vida quiere ser gentil conmigo, entonces más o menos estoy en el primer tercio) y si le doy una hojeada hacia adelante, aún no se me ocurre nada, pero la verdad es que no me molesta en lo absoluto... Siempre me han hecho feliz las veredas del campo, pero tampoco estoy segura de que me puedan seguir haciendo feliz los siguientes dos tercios de mi vida.
Como sea, y dando un giro totalmente diferente a todo esto... Llegué a mi casa en la madrugada, mi cumpleaños ya había pasado, tal vez eran las 2 ó las 3 de la mañana, no lo recuerdo bien... Pero ahí estaba, en mi puerta con una botella en la mano.
ÉL: ¡Feliz cumpleaños!
Y entonces olvidé todo mi trip cumpleañero de hacia donde estaba conduciendo mi vida...
(Continuará)

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